martes, 6 de febrero de 2018

HABLEMOS DE LA SALUD MENTAL
Por. Gildemeister Tello De La Cruz

Con todo lo ocurrido en el Distrito de San Juan del Lurigancho en la capital, sobre el secuestro, violación y posterior asesinato de la menor Jimena de tan solo 11 años de edad, a manos de un desquiciado mental como lo es César Augusto Alva Mendoza; quiero hablar de la salud mental en nuestro país, hay que saber que en algún momento hemos sufrido algún trastorno mental, llámese depresión o ansiedad que es realmente un trastorno mental por lo que por las cantidad de personas que somos en el Perú, podremos comprender la gravedad de este problema, ya que es la ansiedad o depresión los causantes de suicidios que es la cuarta causa de muerte violenta en el Perú.
Hagamos retrospectiva y recordemos que después de las elecciones presidenciales fue la lideresa de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, reapareció para defender a su bancada y la elección de José Chlimper en el Banco Central de Reserva. Sin embargo, lo que más destacó de su “balconazo” no fueron sus opiniones políticas, sino sus lamentables declaraciones sobre las personas que sufren depresión: ella decía viva voz:
"Decían y especulaban: está deprimida. ¡No me conocen! ¡Jamás! Eso es para los perdedores y yo no me siento perdedora".
He retomado esto por que entonces si eso viene de una lideresa que minimiza a los depresivos diciéndoles que eso es para los débiles, nos damos cuenta que no le estamos dando importancia a la salud mental, sus palabras muestran un prejuicio muy extendido en nuestro país sobre las personas que padecen enfermedades mentales.
Muchos peruanos, debido a la poca importancia que históricamente se le ha prestado a la salud mental, no toman en serio los trastornos mentales. De hecho, muchos se niegan a ir a un psicólogo o psiquiatra a pesar de tener problemas reales debido a que creen que eso es solo para “los locos” o porque saben que van a ser mal vistos por la sociedad.
Lejos de ser un problema “para perdedores”, este es un asunto de salud pública que nos concierne a todos: no hay persona que no corra riesgo de desarrollar un trastorno mental. En el Perú, debemos romper con el estigma que persigue a los trastornos mentales y debemos empezar a hablar de una vez sobre el pésimo trato que el Estado les brinda a las personas con problemas de salud mental.
Debido a una combinación de factores como el estigma social y la ausencia de psiquiatras (solo hay un profesional de la salud mental por cada 300 mil peruanos).
El 80% de las personas que sufre un trastorno no recibe ayuda especializada. Además, de acuerdo a la Defensoría del Pueblo, de los 55 hospitales que según el Ministerio de Salud brindan un “servicio de atención ambulatoria en psiquiatría”, casi la mitad no cuenta con un psiquiatra contratado. En otras palabras, quienes atienden estos problemas son o médicos generales o asistentes capacitados. Y como si esto no fuera poco, en los hospitales peruanos no se cumple con las reglas elementales de ética médica: en muchos casos a los pacientes no se les informa sobre los tratamientos y quienes firman los consentimientos informados son los familiares.
Después de todo, los trastornos mentales pueden tener consecuencias tan graves como cualquier otro problema de salud.

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