CARTA PARA MI MADRE
… han pasado 89 meses hasta hoy madrecita en que con el cerrar
de tus pardos ojos para ese sueño a la eternidad, me heredaste soledad pero también felicidad; soledad por
ya no tener tu presencia física acá a mi lado y felicidad por los recuerdos de
cuantas sonrisas pudiste sacar de mi faz a pesar de mis adversidades, madre
estoy muy seguro que no te sorprenderás por esta carta que te escribo, la cual la
envío en las manos de aquellas madres que justo el día de hoy nos dejan en este
mundo terrenal y van a acompañarte en el más allá, estoy seguro que no te
sorprenderá porque lo único que quiero es repetirte las mismas palabras y
sentimientos míos, poder manifestarte millones de “te amo”, “te extraño”, “me
haces falta”, etc. sentimientos profundos y sinceros.
Sé madrecita que te preguntarás … ¿qué paso con mi promesa en tu lecho de muerte?, esa promesa, hoy hecho
sentimiento que en más de una oportunidad te expreso, sentimiento que sería volverte
a mentir al decirte que con mi promesa lo borré, porque hasta hoy no he podido
mantener la fuerza que te prometí cuando nos despedimos, mamá es un sentimiento
que jamás cambiará ni mi mayor felicidad después que la de ser tu hijo, lo
podrá borrar, con un solo amanecer, tú madrecita, tú mejor que nadie sabes cuantos
sentimientos sembraste dentro de mí, sentimientos que el día que partiste me
causaron un terrible dolor, pero también sentimientos que en ese momento
avalaron mi razón con la única intención de seguir adelante, sabiendo que nos adentrábamos en un viaje sin retorno.
Busco en el baúl de mis mejores recuerdos mamá y encuentro infinidades
de recuerdos, enormes detalles y variadas cosas, todas ellas mamá, me unen a ti
y sé que nunca las olvidaré, porque son
tu creación, porque fueron construidas por ti para nosotros, para los que te
seguimos amando, para los que te recordamos, para los que nos cuesta sentir tu
ausencia, para los que extrañamos tus detalles, tus caricias, tus palabras de
aliento, tus gestos, todo de ti, simplemente para aquellos a quienes entregaste
tu vida, tu única vida … pero mamá quiero que sepas, que el recuerdo es mutuo porque
fuiste y serás una mujer extraordinaria, mujer extraordinaria que por
preocuparte por nosotros ni siquiera tu misma te habías dado cuenta y eso hace
a la persona extraordinaria, es por eso que en esta carta madre, te lo digo y
te lo leo en la gloria, esa gloria, nombre, que le pusieron al corazón de todos
los que te amamos, corazón que aún llora tu partida, corazón dentro del cual
vives como una azul llama encendida, porque no puede existir más amor que el
que te guardamos en el corazón.
Madre, a pesar de todas
aquellas cosas que te escribo, que alientan a soportar el dolor de nuestra lejanía,
hoy en este especial día, siento una infinita soledad, infinita
tristeza y hoy todo lo que me rodea me recuerda a ti, te veo en el álbum
de mi mente, te veo en mi álbum, te veo mamá en los jazmines que sembraste en
el patio de la casa y que hasta hoy florecen, mamá, si es que no he podido
verte han sido en las flores de la planta de higo que emerge cual tu carácter
en ese mismo patio, pero te he visto en sus frutos, te veo mamá, en las
lámparas que colgaban de los clavos y que hacían felices nuestras noches de
conversación familiar, te veo mamá en mis libros de primaria y en tus libros de
maestra, te veo en las colchas tejidas por tus tiernas manos y que hasta hoy
abrigan mis noches frías, te veo en los bordados que mi padre conserva, te veo
madrecita en todo … porqué siempre estabas aquí, mirándome y riéndote, te veo
madre en aquellos hermosos cajones de madera que guardan tus cosas, pero a
pesar de verte así todos los días, este dolor de tu ausencia es mi realidad y
en este mismo instante que te escribo madre, ese dolor se agudiza más aún que
casi ya no me deja respirar y perdóname
madrecita si esta carta llega a tí con varios borrones, es que son lágrimas que
dejo caer…
Madre, en este instante que te escribo, me encantaría ser
un ateo egoísta, porque tengo muchos de mis sentimientos encontrados entre si …
ateo por que no concibo por segundos, ¿porque Dios sabiendo que tú me diste
todo, él tuvo que quitarte de mí? y egoísta,
porque pienso que solo a mí me tuvo que pasar, porque pienso que nunca me
preparé para esto, no lo estuve … esta distancia es cruel mamá, cuando viva la
única distancia que nos separaba eran 12 horas de viaje y nuestros últimos años
tan solo 10 minutos o por mucho más solo nos separaba el hilo telefónico en
donde con total rapidez podía encontrar el eco de tu voz, para que hoy, hoy, el
día de hoy, ese eco suene a silencio difícil de entender y que agiganta más aún
mi dolor, aquel dolor que quizá nunca me deje como un eco diciéndome que
siempre te tendré presente todos los días de mi vida, o ese eco que me diga que
no soy un ateo egoísta por instantes y que nunca lo seré, más bien debo de ser
un servidor de Dios, porque lo tuyo y de toda nuestra humanidad es inevitable y
si alguien pasa por esto así como lo estoy pasando yo, confiar y decir, sólo
Dios sabe el porqué de las cosas.
Madrecita Martha para despedirme, déjame repetirte que siempre
te tendré en mi corazón, cual llama azul encendida, y te veré siempre en tus plantas, en tus
manualidades, en tus libros, en las cosas que siempre conservaremos de ti y te
veré hablándome y sonriéndome como siempre lo has hecho, mi extrañar es
infinito, muchas de las veces me pregunto ¿cómo encuentro fuerzas en mí para
seguir caminando al frente? … quizá tú me haces el milagro porque lo que te
prometí en tu lecho final fue “nunca desmayaré de mis sueños mamá, así no estés
más a mi lado, sabré encontrar las fuerzas que tú me dabas cuando más lo
necesitaba”, te extraño mamá.
A todos los que pudieron leer esta carta, les diré que la muerte
es implacable y se lleva lo que más amamos en esta vida con el único consuelo
de que llegará el día que nos volvamos a reencontrar con ese ser tan amado y
estrecharnos nuevamente la mano pero esta vez eternamente, saben ustedes que siempre
tendré palabras para mi madre que en un amanecer jueves 10 de enero del 2008,
me dejó terrenalmente, pero que eternamente permanecerá en mí.
Madrecita Martha, no existirá dolor más profundo que ver cerrar
tus pardos ojos a un sueño eterno…benditos los hijos que al llegar el segundo
domingo de mayo se coloquen en el pecho una rosa roja; benditos también los que
con nuestras lágrimas hemos regado el jardín de rosas blancas, para poder coger
una en este día, en señal que mamá ya no está más con nosotros. Me despido mamá
Martha, Feliz día madrecita.
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