EL RACISMO SE NIEGA A DEJAR EL PERU
A propósito de la publicación hecha por mi amigo Elmer Antonio Torrejón Pizarro, con el tema "El país de los chol@s choleadores", quiero compartir con ustedes también esta interesante publicación hecha por la National Geographic con fecha 10/03/2014. Interesante, espero se tome conciencia.
... La muerte, el
28 de febrero, de la cantante Edita Guerrero, fundadora y líder de una banda de
música tropical campesina, volvió a poner sobre el tapete un problema que
sacude a Perú desde tiempos inmemoriales y que, según expertos, es un gran
obstáculo para el desarrollo social del país: el racismo.
"El
racismo nos privó de un desarrollo cultural y económico, porque el racismo es
una enorme traba", sostiene el psicoanalista Jorge Bruce, autor del libro
"Nos habíamos choleado tanto" y uno de los mayores expertos en el
tema.
Para Bruce,
el racismo es además una gran carga emocional para quien lo practica, porque
está compuesto de un odio que obliga a vivir con "veneno adentro".
Edita, nació
en un pueblo de los Andes, con sus hermanos fundó un grupo para hacer un tipo
de cumbia local llamada "sanjuanera". Las pretensiones no eran
grandes. La idea era animar las pequeñas fiestas de las localidades próximas.
Pero, poco a
poco, en uno de esos fenómenos inadvertidos en una Lima con dificultades para
interactuar con el resto de país, Corazón Serrano se convirtió en un ícono para
la gente del interior, sobre todo para aquella perteneciente a las clases
sociales más humildes.
Ya hacia 2010
el grupo llegó a Lima, aunque con una audiencia limitada a inmigrantes y/o
empleadas domésticas, vigilantes, vendedores de mercados, mototaxistas y demás
oficios mal vistos por otros citadinos, en especial aquellos que presumen de
tener la piel más clara por no estar "contaminados" por "sangre
indígena", algo poco menos que imposible en un país tan mestizo.
Los mundos
paralelos que conviven en Perú se vieron reflejados en Corazón Serrano. El
grupo era venerado y seguido por cientos de miles de fanáticos, mientras,
simultáneamente, una inmensa proporción de los habitantes de Lima, incluidos
algunos sin visos de racismo, no tenían conocimiento alguno de su existencia.
Las radios de
Lima propusieron a Edita que cambiara el nombre del grupo debido a la
connotación peyorativa de "serrano". Pero ella se opuso y nunca cedió
en su propuesta artística, a pesar de los comentarios de críticos que, incluso
desde una óptica estrictamente musical, dudaban de la calidad de la banda.
Los dos
mundos colisionaron hace unos días. La prensa informó que Edita estaba enferma
con muy mal pronóstico. Una parte del país se entregó a la pena, mientras otra
comenzó -con curiosidad, respeto u odio- a seguir la historia de esa desconocida
paradójicamente tan popular.
La lucha de Edita, mujer radiante y llena de energía, duró poco. El aneurisma cerebral pudo más. Murió a falta de una semana para que cumpliera 31 años y tres meses después de que alumbrara a su segunda hija.
Mientras los seguidores se hundían en el dolor y participaban multitudinariamente en Piura del velorio y el sepelio, un número considerable de personas, la mayoría amparadas en pseudónimos, usaban Twitter para atacar a la fallecida y los seguidores.
A la "chola", que curiosamente tenía una apariencia física menos indígena que el promedio peruano, la fustigaron con todo. Y a sus seguidores les dieron con el argumento de que solo su "inferioridad étnica", transformada en "inferioridad cultural", explicaba su gusto.
De otro lado, analistas ven una parte positiva en la reacción de otra cantidad grande de internautas que tomó los teclados para exigir respeto a la memoria de una muerta, resaltar la riqueza de la biodiversidad étnica del Perú y defender que, en gustos, una persona puede gozar de la cumbia sanjuanera como otra con un género distinto.
La lucha de Edita, mujer radiante y llena de energía, duró poco. El aneurisma cerebral pudo más. Murió a falta de una semana para que cumpliera 31 años y tres meses después de que alumbrara a su segunda hija.
Mientras los seguidores se hundían en el dolor y participaban multitudinariamente en Piura del velorio y el sepelio, un número considerable de personas, la mayoría amparadas en pseudónimos, usaban Twitter para atacar a la fallecida y los seguidores.
A la "chola", que curiosamente tenía una apariencia física menos indígena que el promedio peruano, la fustigaron con todo. Y a sus seguidores les dieron con el argumento de que solo su "inferioridad étnica", transformada en "inferioridad cultural", explicaba su gusto.
De otro lado, analistas ven una parte positiva en la reacción de otra cantidad grande de internautas que tomó los teclados para exigir respeto a la memoria de una muerta, resaltar la riqueza de la biodiversidad étnica del Perú y defender que, en gustos, una persona puede gozar de la cumbia sanjuanera como otra con un género distinto.
Fuerte desafío
Recientemente
Perú sufrió otro vergonzoso aunque muy distinto episodio de racismo, con
consecuencias internacionales que incluyeron una protesta de la presidenta de Brasil,
Dilma Rousseff. En un partido de la Copa Libertadores entre un equipo local y
uno brasileño, los aficionados se dedicaron a imitar sonidos de mono cada vez
que el futbolista negro Tinga tocaba el balón.
El racismo
está lleno de paradojas. Ese partido se jugó en la ciudad andina de Huancayo y
la mayoría de asistentes eran mestizos con marcada esencia indígena, es decir,
esos mismos que sufren la discriminación y los insultos de los
"blancos". Siempre aparecerá uno más oscuro para burlarse y tomarse
revancha, explican expertos.
Sociólogos, antropólogos y demás estudiosos coinciden en que el racismo está fuertemente instalado en Perú, quizás con pocos similares en América Latina. Tras el escándalo por lo de Edita hay llamados para que se castigue ese tipo de acciones e incluso se estudia abrir una Procuraduría Antirracismo.
Sociólogos, antropólogos y demás estudiosos coinciden en que el racismo está fuertemente instalado en Perú, quizás con pocos similares en América Latina. Tras el escándalo por lo de Edita hay llamados para que se castigue ese tipo de acciones e incluso se estudia abrir una Procuraduría Antirracismo.
"Hay una
normativa penal en el tema. La discriminación y racismo pueden ser sancionados.
(La ley) no habla de temas tecnológicos pero se censura la
discriminación", explica el abogado Erick Iriarte.
Aunque los expertos coinciden en que el racismo no se acaba con leyes sino con mayor cultura de inclusión, hay el sentimiento de que cuando comience a haber presos por esa causa, los ofensores, a los que se puede rastrear pese al anonimato, lo van a pensar más.
Aunque los expertos coinciden en que el racismo no se acaba con leyes sino con mayor cultura de inclusión, hay el sentimiento de que cuando comience a haber presos por esa causa, los ofensores, a los que se puede rastrear pese al anonimato, lo van a pensar más.

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